Informe 2018

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Presentación

El profesor Manuel Castells nos recordaba en la Lección inaugural del curso académico 2017-18 del sistema universitario catalán cómo ha ido evolucionando la institución universitaria a lo largo de los siglos, hasta la reciente aceleración producto de la revolución tecnológica.

Si consideramos sólo el último medio siglo, veremos cómo hemos pasado de formar a las élites a tener bajo nuestra responsabilidad la formación de amplias capas de la población, así como también la de los profesionales, que han entendido que hoy la formación se ha extendido ya a toda la trayectoria vital.

A las nuevas exigencias formativas se ha sumado el impacto de la tecnología sobre la docencia. Como el resto de las actividades humanas, desde las comunicaciones hasta la economía, pasando por el ocio o las relaciones sociales, las ya no tan nuevas tecnologías han trastocado la docencia. Por una parte, porque nos han dotado de recursos para personalizarla y mejorarla hasta niveles que antes resultaban impensables. Por otra, porque han propiciado un cambio de paradigma que nos permite pasar del pasivo «enseñar» al activo «aprender» o, mejor aún, al todavía más activo «aprender a aprender».

La enseñanza superior no puede ser un mero trámite que acabe con un título oficial, sino que debería contribuir al desarrollo de las personas, las empresas, las instituciones y la sociedad en general. Hace falta formar a nuestros estudiantes en las habilidades y los conocimientos que los capaciten para aportar valor a la sociedad. Un mundo cada vez más global exige que los programas se orienten a formar ciudadanos y profesionales globales, comprometidos socialmente. El cambio ya está aquí, de modo que debemos estar preparados.

Con las mismas ganas afrontamos la llamada de la ONU y sus diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible para transformar nuestro mundo el año 2030. Una agenda internacional que ha entendido el papel clave de la universidad incorporando por primera vez la necesidad de una educación superior equitativa e inclusiva y de la investigación para abordar los retos globales desde una perspectiva local.

De nada nos sirve un sistema universitario excelente y erudito que viva abstraído en sí mismo. Porque… sin impacto social, sin trascendencia más allá de los campus, ¿servimos a la sociedad, a la que realmente nos debemos? De ahí la necesidad de disponer de un sistema universitario abierto, comprometido con la docencia, la investigación y la transferencia de conocimiento que aspiran al impacto social, y con las antenas preparadas para adaptarse a los cambios en las necesidades de formación y en la naturaleza del trabajo.

Este año se cumple una década de la implementación de los primeros planes de estudio estructurados según las directrices del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), en los que la adquisición de competencias por parte de los estudiantes se convertía en el objetivo principal, superando el enfoque tradicional basado en contenidos y horas lectivas.

Durante estos últimos años, las universidades hemos implementado cambios y mejoras constantes para permitir la transformación de los planes de estudio y la adaptación de la docencia a un escenario en el que la evaluación continua, la calidad, la revisión y la mejora constante adquieren un papel central en el proceso de aprendizaje.

Los resultados de esta transformación se reflejan en el presente Informe de formación y docencia 2018, que recoge resultados reales, palpables y con impacto de la labor llevada a cabo por las universidades que formamos parte de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP).

Como universidades públicas, tenemos el deber de rendir cuentas de nuestra actividad y de los resultados y el impacto de la inversión pública en nuestras instituciones. Lo hacemos con total responsabilidad y compromiso, y esta publicación es una nueva muestra de ello.